Primicias (heb. bikkûrîm), «primer fruto «; re’shîd, «comienzo «, » selecta»; una vez bikkûrah, «primera fruta madura» ; gr. aparje , «el comienzo de un sacrificio», «primeros frutos»). Ofrendas presentadas a Dios como señal de lealtad de parte del adorador. Normalmente llegaban a ser propiedad del sacerdote (Num 18:12; Deu 18:4), aunque se registra por lo menos una vez que se presentaron a un profeta (2Ki 4:42). La naturaleza de la ofrenda de las primicias se enfatiza con 2 palabras hebreas: 1. Consistí­a en la parte de la cosecha que maduraba más temprano (bikkûrîm). 2. Era la más escogida (rê’hîth). Se hací­an ofrendas especiales de primicias en cada una de las 3 grandes fiestas anuales de Israel: la de los Panes sin Levadura, la de Pentecostés y la de los Tabernáculos. El 16 de Nisán, el dí­a siguiente del sábado anual de la Pascua, una gavilla de cebada recién madura era mecida ante el altar (Lev 2:12; 23:10, 11). El dí­a de Pentecostés se presentaban a Jehová 2 panes de cebada, cocidos con levadura y harina de trigo de la nueva cosecha (Lev 23:17; cf Exo 34:22). La fiesta de la Recolección o de los Tabernáculos, en el mes 7º, era en sí­ misma un acto de gratitud a Dios por todas las cosechas recogidas, y aparentemente se ofrecí­an las primeras frutas o las más escogidas en relación con aquéllas (cf Exo 23:16, 19; Lev 23:39). Además de estas presentaciones nacionales de primicias, los individuos también podí­an dar sus ofrendas voluntarias personales (Num 15:20, 21; Deu 26:2, 10). En Rom 16:5, Epeneto es llamado «el primer fruto… para Cristo», lo que significa que fue el primer converso o uno de los primeros. En 1Co 15:20 se afirma que Cristo es «primicia de los que durmieron». El es la garantí­a de la gran cosecha que seguirá cuando los muertos justos resuciten en su segunda venida (v 23). Los 144.000 también son llamados «primicias» (Rev 14:4), ya sea como garantí­a de la gran cosecha de los redimidos, o como un don u ofrenda especial a Dios. Primicias, Fiesta de las. Véase Pentecostés, Fiesta de.

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

primer fruto de cualquier cosa. El ofrecimiento de las p. a Dios, que se conoce desde los primeros tiempos bí­blicos, Gn 4, 3-4, es el reconocimiento de su señorí­o absoluto; se le reconocí­a como dueño y dador de los frutos, pues todo se debe a su bendición, y por lo tanto las p. le pertenecen y le están consagradas, Ex 22, 28; 23, 19; 34, 16; Lv 2, 12 y 14; 10, 10-17; Dt 18, 4. Se ofrecí­an las de la tierra y las del ganado, así­ como las p. de la molienda, el pan, cuando ya el pueblo estaba establecido en la tierra de Canaán, Nm 15, 17-21. Eran una contribución para el sostenimiento del culto, en Nm 18, 12-13, corresponden al sacerdote.

Existí­an dos fiestas asociadas con el ofrecimiento de las p. la fiesta de la siega, que marcaba la terminación de la cosecha, llamada de las Semanas, Ex 34, 22, que se extendí­a durante siete semanas, celebrada cincuenta dí­as después de la Pascua, Lv 23, 16, por lo que recibí­a también el nombre de Pentecostés, del griego pentêkostê, quicuagésimo, Tb 2, 1. Y la fiesta de la Recolección o de la Cosecha, en otoño, al final de ésta, fiesta llamada también de las Tiendas o de los Tabernáculos, Dt 16, 13; Lv 23, 34; porque se hací­an tiendas como las que confeccionaban en el campo para la época de la recolección y eran también un recuerdo de los campamentos de los israelitas en la peregrinación por el desierto, Lv 23, 43.

Figuradamente Israel es llamado, entre los demás pueblos, p. de Yahvéh, Jr 2, 3, consagrado a él; como también se llama al nuevo pueblo de Dios conformado, no ya por Israel solamente, sino por todos los creyentes en Jesús, sin distinción alguna, que poseen las p. del espí­ritu., Rm 8, 26; pues Jesús venció la muerte, †œprimicia de los que murieron†; ya que si por un hombre vino al mundo la muerte, por Jesús vino la resurrección, 1 Co 15, 20-21. El Padre, dice Santiago, nos creó para que fuésemos las p. de sus criaturas, St 16, 18. San Pablo llama a Epéneto †œp. del Asia para Cristo†, Rm 16, 5, tal vez el primer cristiano de esta región del mundo.

Lo mismo dice de la familia de Estéfas †œp. de Acaya†, 1 Co 16, 15. Primogénito, que ha nacido primero, hombre o animal, que según la Ley debí­a ser consagrado a Dios, Ex 13, 1 y 11-13; 22, 28; Ex 34, 19-20; Dt 15, 19. A Aarón y a sus descendientes, los sacerdotes, se les entregó el ministerio de todo lo que le pertenece a Yahvéh, todo primogénito será para el sacerdote, y debí­a hacer rescatar al p. del hombre y del animal impuro, Nm 18, 15-17. Los descendientes de Leví­ fueron escogidos por Yahvéh para él, consagrados en rescate de los primogénitos de Israel, para estar a su servicio, Nm 3, 12-13, por esto no se les dio heredad, cuando el reparto de la tierra de Canaán, pues su herencia era Yahvéh.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

Los primeros frutos de la cosecha, los más queridos, que deben darse a Dios, en su Templo, a los sacerdotes: (Exo 23:19, Lv.23.

17, Dt.26.

1- 11. Ver «Diezmos».

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

Al igual que el †¢primogénito de hombre o de animal, los primeros frutos de cada cosecha debí­an ser consagrados al Señor (†œLas p. de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios† ). En Deu 26:1-11 se dan las instrucciones precisas para la forma en que esto debí­a llevarse a cabo, incluyendo una oración en la cual se confesaba que esos frutos eran el producto de toda una obra de Dios. En Num 18:13 Dios dijo a Aarón: †œLas p. de todas las cosas de la tierra de ellos, las cuales traerán a Jehová, serán tuyas† (Num 18:12-13). Se utilizaban para el sustento de los sacerdotes y levitas. La presentación de estas ofrendas daba lugar a la fiesta de las p. ( †¢Fiestas). La enseñanza es ratificada en Pro 3:9 (†œHonra a Jehová con tus bienes, y con las p. de todos tus frutos†).

En el NT, se traduce el término griego aparqué. Se habla de que los creyentes tenemos †œlas p. del Espí­ritu† (Rom 8:23). De manera que el Espí­ritu Santo es presentado como el primer fruto que cosecha el creyente en su nueva relación con Dios, siendo en sí­ la promesa y garantí­a de las glorias futuras de que disfrutará. Hablando de la resurrección, Pablo también dice que el Señor Jesús es †œp. de los que durmieron†, dando a entender con esto que el hecho del retorno a la vida del Señor fue el inicio de un proceso en el cual él es el primero, †œluego los que son de Cristo, en su venida† (1Co 15:20-23).

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

tip, CALE LEYE

vet, (a) Así­ como Dios afirmaba Su propiedad de los primogénitos de hombre y animales, igualmente demandaba los primeros frutos de las labores en el campo (Ex. 23:16, 19), como reconocimiento de Dios como el dador de ellos y en muestra de agradecimiento por Sus dones. Todos los varones tení­an que presentarse tres veces al año ante Dios, y eran en el tiempo: de la cosecha de la cebada (en la Fiesta de los Panes sin Levadura); del trigo (en la Fiesta de las Semanas) y en la vendimia (la Fiestas de las Cabañas) (Ex. 23:16, 19; 34:22, 26; Dt. 18:4; 26:10; Ez. 58:14). (b) De los cristianos se afirma que tienen las primicias del Espí­ritu: tienen la prenda de una bendición futura aún más grande (Ro. 8:23; 2 Co. 5:5; Ef. 1:14). (c) Los reunidos a Dios en cualquier dispensación reciben el nombre de primicias (Ro. 11:16; 16:5; 1 Co. 16:15; Stg. 1:18; Ap. 14:4). (d) Cristo, al haber resucitado de entre los muertos, es las primicias de los que durmieron (1 Co. 15:20, 23). «Primicias» implica necesariamente que ha de haber más a su semejanza que sigan después.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

Lo primero que se obtiene en los frutos de la tierra o en los dones que se recibe. Siempre lo primero tiene una significación singular de sorpresa, de alegrí­a y de afectuosa satisfacción.

En la Escritura se habla de «Diezmos y primicias» reservados a Yaweh (Ex. 23. 19 y 34. 26; Ez. 44.30; Deut. 26. 1-4 y 26. 5-10; Num. 15. 17-21). La idea estaba muy clara para el pueblo israelita: «Cuando hayas entrado en la tierra que el Señor tu Dios te dará en herencia… tomarás de todos los frutos de la tierra las primicias, las pondrás en una cesta y las llevarás al lugar elegido y las ofrecerás al sacerdote.» (Deut. 26.1) Y en el Nuevo Testamento se hará con frecuencia referencia a esta actitud, pero curiosamente aludiendo más a los diezmos, según la costumbre nacida de Abraham, que se los dio a Melquisedech (Gn. 14.20), que a la primicias, las cuales no se citan en sentido cultual. Sólo se habla en sentido traslaticio, aplicando la idea a Cristo (1 Cor. 15.20-23), al espí­ritu (Rom. 8.23) o a los cristianos (1 Cor. 16.15; Sant. 1.18 y Apoc. 14.4). Sin embargo, la idea de diezmo cultual se recuerda repetidas veces: como condena a los fariseos: Mt. 23.23 y Lc. 11.42; Lc. 18.12; o como recuerdo de Abraham: Hebr. 7.2-9

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

Conforme a una visión sacral, propia de muchas religiones de Oriente, los primogénitos de los animales (cf. Nm 3,13.40-49), lo mismo que las primicias de los frutos (cf. Ex 23,19; 34,22), pertenecen a Dios. En este contexto se sitúa la ley de un famoso credo histórico: «Cuando llegues a la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia… tomarás las primicias de todos los productos del suelo que coseches en la tierra… las pondrás en una cesta, y las llevarás al lugar elegido por Yahvé tu Dios para morada de su Nombre. Te presentarás al sacerdote y le dirás: Yo declaro hoy a Yahvé mi Dios que he llegado a la tierra que Yahvé juró a nuestros padres que nos darí­a. El sacerdote tomará de tu mano la cesta y la depositará ante el altar de Yahvé tu Dios. Tú pronunciarás estas palabras ante Yahvé tu Dios: Mi padre era un arameo errante… Depositarás las primicias ante Yahvé tu Dios y te postrarás ante Yahvé tu Dios. Luego te regocijarás por todos los bienes que Yahvé tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, y también se regocijará el levita y el forastero que viven en medio de ti» (Dt 26,1-11). Esta norma se aplica a las varias fiestas agrí­colas del pan (Pentecostés), del vino (Tabernáculos) y del aceite, etc. Ella recoge, en perspectiva deuteronómica, quizá un poco tardí­a (siglo VII a.C.), antiguas costumbres y ritos de Israel. Las primicias del pan, vino y aceite expresan la vida sedentaria, el cultivo agradecido de la tierra. Por eso, la ofrenda de las primicias va vinculada a la confesión de fe. Todo nos permite suponer que la ofrenda se realiza a tra vés de un gesto de balanceo: el oferente (o sacerdote) presenta ante Dios los frutos del campo (sobre la carne sacrificada, cf. Lv 7,30), mientras confiesa agradecido: «éramos esclavos y Dios nos ha liberado». Su fe y su confesión creyente se concretan en unos alimentos de la tierra. Lógicamente, tras la confesión, oferente y familiares comen de aquello que han ofrecido. Han venido al templo de Dios, en gesto agradecido. Por eso, su ofrenda se vuelve eucaristí­a: comida de acción de gracias. Al decir «te regocijarás por todos los bienes que Yahvé te ha dado…» el texto quiere que los israelitas celebren fiesta, que coman y beban, consumiendo los dones de Dios. En esta eucaristí­a, el oferente presenta ante Dios las primicias, para que una parte de ellas se consuma o queme sobre el altar, como ha reglamentado cuidadosamente el ritual (cf. Lv 2,1-16; Nm 28,26). Otra parte queda para los sacerdotes, que acogen la ofrenda. Pero el resto del pan, vino y aceite (con la carne de animales que se sacrifican en esas ocasiones) queda para la fiesta de familia, a la que se vinculan los pobres del entorno (levitas y forasteros).

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra

Principios o primeros frutos que producen cualquier cosa. La palabra Hebrew Reââ*schíth (de una raíz que significa †œcabeza†) se utiliza con el sentido de primera parte, punto de partida o †œprincipio† (Dt 11:12; Gen 1:1; 10:10), lo †œmejor† (Ex 23:19, nota), y †œprimicias† (The 2:12). La palabra hebrea bikÂ*ku·rím se traduce †œprímeros frutos maduros†, y se utiliza sobre todo con relación al grano y al fruto. (Na 3: 12.) El término griego para primicias es a·par·kje, y se deriva de una raí­z cuyo significado básico es †œprimací­a†.
Jehová exigió a la nación de Israel que le ofreciera las primicias tanto de hombres y animales, como del fruto de la tierra. (Ex 22:29, 30; 23:19; Pr 3:9.) El que los israelitas dedicasen sus primicias a Jehová probarí­a su aprecio por la bendición que El les daba y por la tierra y la cosecha. También expresarí­a su gratitud al Dador de †œtoda dádiva buena†. (Dt 8:6-10; Snt 1:17.)
Jehová ordenó a la nación que le ofreciera representativamente las primicias, en especial durante la fiesta de las tortas no fermentadas. De acuerdo con este mandato, el 16 de Nisán el sumo sacerdote mecí­a ante Jehová en el santuario algunas de las primicias de la cosecha de grano: una gavilla de cebada, que era la primera cosecha del año según el calendario sagrado. (Le 23:5-12.) En el Pentecostés, cincuenta dí­as después de haberse mecido la gavilla de cebada, se presentaban las primicias de la cosecha del trigo como ofrenda mecida, en la forma de dos panes leudados hechos de harina fina. (Le 23:15-17; véase FIESTA.)
Además de estas ofrendas de grano que hací­a el sumo sacerdote a favor de la nación, los israelitas tení­an que presentar como ofrenda primicias de todo su producto. Todo primogénito, fuese varón o animal macho, se santificaba a Jehová, bien ofreciéndolo o redimiéndolo. (Véase PRIMOGENITO.) Las primicias de la harina a medio moler habrí­an de ofrecerse en forma de tortas anulares. (Nú 15:20, 21.) Los israelitas también poní­an en cestas el fruto del suelo y lo llevaban al santuario (Dt 26:1, 2), y una vez allí­ repetí­an las palabras registradas en Deuteronomio 26:3-10. Lo que se recitaba era en realidad un recuento de la historia de la nación, desde su entrada en Egipto hasta su liberación y llegada a la Tierra Prometida.
Se dice que surgió la costumbre de que cada localidad enviara a un representante con las primicias contribuidas por los habitantes del distrito, para que no tuvieran que subir todos a Jerusalén cada vez que maduraban las primicias. La Ley no determinaba la cantidad de las primicias que habrí­a de ofrecerse, sino que se dejaba a la generosidad y espí­ritu dispuesto del dador. Sin embargo, tení­an que ofrecerse las porciones más selectas, lo mejor. (Nú 18:12; Ex 23:19; 34:26.)
Al árbol recién plantado se le consideraba impuro los primeros tres años, como si fuera incircunciso. En el cuarto año todo su fruto llegaba a ser santo a Jehová, y en el quinto el dueño podí­a recogerlo para sí­. (Le 19:23-25.)
Los sacerdotes y los levitas se serví­an de las primicias que las doce tribus no levitas daban a Jehová, puesto que ellos no habí­an recibido herencia en la tierra. (Nú 18:8-13.) El que se ofrecieran las primicias fielmente agradaba a Jehová y suponí­a una bendición para todos los implicados (Eze 44:30), mientras que Dios verí­a el que no se presentaran como si le estuvieran robando algo que le pertenecí­a, y con este proceder se ganarí­an su desaprobación. (Mal 3:8.) En algunas ocasiones los israelitas desatendieron esta práctica, si bien en determinados perí­odos gobernantes celosos de la adoración verdadera la restablecieron. Durante el perí­odo de reformas del rey Ezequí­as, se prolongó la celebración de la fiesta de las tortas no fermentadas, ocasión en que el rey Ezequí­as instruyó al pueblo para que cumpliera con su obligación respecto a la contribución de las primicias y el diezmo. El pueblo respondió a esto de buena gana y llevó en gran cantidad las primicias del grano, el vino nuevo, el aceite, la miel y todos los productos del campo, desde el tercer mes hasta el séptimo. (2Cr 30:21, 23; 31:4-7.) Después de volver de Babilonia, Nehemí­as dirigió al pueblo en hacer el juramento para andar en la ley de Jehová, y en él se incluí­a la ofrenda de las primicias de cada clase. (Ne 10:29, 34-37; véase OFRENDAS.)

Uso figurado y simbólico. A Jesucristo se le engendró por espí­ritu al tiempo de su bautismo, y se le resucitó de entre los muertos a la vida de espí­ritu el 16 de Nisán de 33 E.C., precisamente el dí­a en el que se presentaban ante Jehová en el santuario las primicias de la primera cosecha de grano. Por lo tanto, se le llama las primicias, siendo en realidad las primeras primicias para Dios. (1Co 15:20, 23; 1Pe 3:18.) Los seguidores fieles de Jesucristo, sus hermanos espirituales, también son primicias para Dios, pero no las primeras, y más bien se asemejan a la segunda cosecha de grano, el trigo, que se presentaba a Jehová en el dí­a del Pentecostés. En total son 144.000, y se dice que son †œcomprados de entre la humanidad como primicias para Dios y para el Cordero† y que son †œciertas primicias de sus criaturas†. (Rev 14:1-4; Snt 1:18.)
El apóstol Pablo también llama † œprimicias †  al resto de judíos fieles que llegaron a ser los primeros cristianos. (Ro 11: 16.) Al cristiano Epéneto se le llama † œprimicias de Asia para Cristo† (Rom 16: 5), y a la casa de Estéfanas, †œlas primicias de Acaya†. (1Co 16:15.)
Puesto que los cristianos ungidos son engendrados por el espí­ritu como hijos de Dios con la esperanza de ser resucitados a una vida inmortal en los cielos, se dice que durante su vida en la Tierra †˜tienen las primicias, a saber, el espí­ritu, mientras aguardan con intenso anhelo la adopción como hijos, el ser puestos en libertad de sus cuerpos por rescate†™. (Ro 8:23, 24.) Pablo dice que él y aquellos compañeros cristianos cuya esperanza es vivir como espí­ritus tienen †œla prenda de lo que ha de venir, es decir, el espí­ritu†, al que también llama †œuna prenda por anticipado de nuestra herencia†. (2Co 5:5; Ef 1:13, 14.)

Fuente: Diccionario de la Biblia

Hebreo rēʾšîṯ («primero»); bikkûrîm («primeros maduros»)»; griego, aparchē («principio»). Según lo requería la ley de Moisés, las primicias eran el reconocimiento de que la tierra y todos sus frutos eran un don de Dios. Así como Dios reclamaba como suyos a los primogénitos de los hombres y las bestias (Ex. 13:2), así había que ofrecer a Dios las primicias de la tierra (Ex. 22:29). Las ofrendas eran generalmente productos del suelo en su estado natural, tales como trigo, frutas, uvas, miel y lana, descrito como aquello que era «maduro primero» (bikkûrîm, primicia; Ex. 22:29; 23:16, 19; 34:26; Dt. 18:4; 2 Cr. 31:5). Las primicias incluían productos del trabajo del hombre tales como harina, aceite, vino, masa y pan (Ex. 34:18, 22; Lv. 23:16–20; 2 Cr. 31:5). La distinción entre el «primer maduro» (bikkûrîm) como productos naturales y los productos del trabajo humano (rēʾšîṯ) no se mantiene en todos los pasajes.

En general, las primicias eran ofrendas de diversos tipos, especialmente de productos del suelo y preparados, una porción de los cuales se ofrecía a los sacerdotes como representantes divinos y, salvo una pequeña parte que se ofrecía sobre el altar, eran para uso personal del sacerdote.

La ley de las primicias se encuentra en Ex. 23:16–19, donde se la llama «fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores» (v. 16), y se menciona como una de las tres fiestas principales que toda la nación debía observar. En Lv. 23:9–14 se dan instrucciones adicionales acerca de las primicias ofrecidas en el tiempo de la siega. En Dt. 26:1–11 se dan más detalles, y se prescribe un detallado ritual. Se ordena al oferente que tome «las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra» (v. 2), los ponga en una canasta y los lleve al sacerdote, confesando que el Señor lo había llevado a la tierra, que Dios había sacado a Israel de Egipto por su poder, y le había dado esta «tierra que fluye leche y miel» (v. 9). La ofrenda de las primicias es seguida por las instrucciones de diezmar todo el producto (vv. 12–19).

En la historia de Israel en el AT, la observancia de la ofrenda de las primicias parece haber sido descuidada después de Salomón, pero fue revivida por Ezequías (2 Cr. 31:15) y Nehemías (Neh. 10:35, 37; 12:44). Eliseo, en el tiempo de la apostasía de Israel, recibió «panes de primicias» y trigo, lo cual fue milagrosamente multiplicado para alimentar a un centenar de hombres (2 R. 4:42–44).

En su uso figurado en las Escrituras, Israel es denominado «primicias de sus nuevos frutos», es decir, en su calidad de santo para Jehová (Jer. 2:3). En el NT se hace uso frecuente de la figura. Los primeros convertidos de alguna región eran llamados «primicias» (Ro. 16:5; 1 Co. 16:15). Generalmente, se describe a los cristianos como «primicias de sus criaturas», esto es, un primer fruto de seres creados (Stg. 1:18). Tanto en Santiago como en Apocalipsis, lo que está implícito es que quienes son descritos como primicias al recibir este nombre son hechos santos para Dios. Así también, los 144.000 de Ap. 14:1–5 se describen como «primicias» (v. 4). La obra del Espíritu en los cristianos en el presente, en contraste con su perfección final, se describe como «las primicias del Espíritu» (Ro. 8:23), es decir, muestras de la cosecha venidera, la resurrección del cuerpo y la completa liberación del poder del mundo.

Uno de los usos figurados más importantes de las primicias en el NT es la referencia a Cristo que es descrito como «primicias de los que durmieron» (1 Co. 15:20; cf. 15:23), es decir, el primero que resucitó de entre los muertos como promesa de una cosecha completa, la resurrección de todos los santos.

BIBLIOGRAFÍA

Artículos «Primicias» en ISBE, SHERK, Unger’s Bible Dictionary; L.S. Chafer, Systematic Theology, VII, pp. 153–155.

John F. Walvoord

ISBE International Standard Bible Encyclopaedia

SHERK The New Schaff-Herzog Encyclopaedia of Religious Knowledge

Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (488). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

Fuente: Diccionario de Teología

La práctica de consagrar los primeros frutos a la deidad no es una claramente judía (cf. Iliad, IX, 529; Aristófanes, «Ran.», 1272; Ovid, «Metam.», VIII, 273; X, 431; Plinio, «Hist. Nat.», IV, 26; etc.). Parece haber surgido naturalmente entre los pueblos agrícolas a partir de la creencia de que el primer —y por lo tanto el mejor— producto de la tierra es debido a Dios como un reconocimiento a sus dones. «Dios sirvió primero», entonces toda la cosecha se convierte en comida lícita. En Israel la ofrenda de las primicias estaba regulada por las leyes consagradas en diferentes partes de los libros de Moisés. En el curso de las épocas, estas leyes fueron complementadas por costumbres conservadas más tarde en el Talmud. Tres tratados completos de este último, «Bikkurim», «Teriimoth», y «Hdllah», además de numerosos otros pasajes de la Mishná y Gemarah, se dedican a la explicación de estas costumbres.

En primer lugar, las ofrendas de las primicias se designan en la Ley por un nombre triple: bikkurim, reshith y teriimoth. Sigue habiendo mucha incertidumbre acerca del significado exacto de estas palabras, ya que parecen haber sido tomadas de manera indiscriminada en diferentes épocas. Sin embargo, si se consideran los textos con atención, se podrá recabar de ellos una idea bastante adecuada de la materia. Había una ofrenda de las primicias relacionada con el inicio de la cosecha. Levítico 23,10-14 dispone que se ha de llevar una gavilla al sacerdote, quien la mecerá ante el Señor el día siguiente después del sábado. Un holocausto, una ofrenda de harina y una libación acompañaban la ceremonia; y hasta que esto se realizara, no debían comer «ni pan, ni grano tostado, ni grano tierno».

Siete semanas más tarde se debía llevar al santuario una nueva ofrenda de dos panes hechos de la nueva cosecha. El bíkkûrîm consistía, al parecer, de los primeros frutos maduros en rama, los cuales se tomaban del trigo, cebada, uvas, higos, granadas, aceitunas y miel (vea el artículo plantas en la Biblia. Se suponía que los frutos a ofrecerse eran los más selectos, y debían ser frescos, excepto en el caso de las uvas y los higos, que podían ser ofrecidos secos por los israelitas que vivían lejos de Jerusalén. No hay indicaciones en las Escrituras en cuanto a qué cantidad se debía traer al santuario. Pero gradualmente se introdujo la costumbre de consagrar no menos de una sexagésima y no más de una cuadragésima parte del cultivo (Back, II, 2, 3, 4). De vez en cuando, por supuesto, había ofrendas extraordinarias, como la de la fruta de un árbol del cuarto año después de haber sido plantado (Lev. 19,23-25); también se podía, por ejemplo, separar como una ofrenda gratuita la cosecha de un campo entero.

Al principio no había un tiempo especialmente escogido para la ofrenda; en épocas posteriores, sin embargo, se asignó como límite la Fiesta de la Dedicación (25 Casleu) (Bikk., I,6; Hallah, IV, 10). En el Libro de Deuteronomio 26,1-11, se dan instrucciones sobre cómo debían hacerse dichas ofrendas. Los primeros frutos serían llevados al santuario en una canasta y presentados al sacerdote, con una expresión de acción de gracias por la liberación de Israel de Egipto y por la posesión de las tierras fértiles de Palestina. Luego seguía una fiesta compartida por el levita y el extranjero. No hay certeza sobre si los frutos que se ofrecían eran o no consumidos en esa comida; Núm. 18,13 parece dar a entender que de ahí en adelante pertenecían al sacerdote, y Filón y Flavio Josefo suponen lo mismo.

Se hacían otras ofrendas de frutas preparadas, especialmente aceite, vino y masa ( Deut. 18,4; Núm. 15,20-21; Lev. 2,12.14-16; cf. Éx. 22,29, en el griego), y «la primicia de la lana». Como en el caso de las frutas crudas, no se determinaba la cantidad; Ezequiel afirma que era una sexagésima parte de la cosecha del trigo y la cebada y una centésima del aceite. Ellos eran presentados al santuario con ceremonias análogas a las mencionadas en el párrafo anterior, aunque, a diferencia del bikkurim, no se ofrecieron en el altar, sino que se llevaban a los almacenes del Templo. Por lo tanto, pueden ser consideradas no tanto como la materia para el sacrificio, sino como un impuesto para el sostenimiento de los sacerdotes. (vea anatas).

Bibliografía: SMITH, The Religion of the Semites (2da. ed., Londres, 1907): WELLHAUSEN, Prolegomena to the History of Israel, tr. BLACK AND MENZIEB (Edimburgo, 1885), 157-58; PHILO, De festo cophini; ID., De proemiis sacerdotum; JOSEFO, Ant. Judea., IV, VIII, 22; RELAND, Antiquitates sacræ; SCHÜRER, Geschichte des jüd. Gente a tiempo. J.C. (Leipzig, 1898), II, 237-50.