Una respuesta a la Primera Lectura

En estos tiempos económicos difíciles, cuánto queremos escuchar la promesa de Deuteronomio de que Dios nos hará abundantemente prósperos en nuestras empresas y en el fruto de nuestros cuerpos, ganado y tierra (30:9). No hay necesidad de otro paquete de estímulo. Una recuperación económica garantizada por Dios debe estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, como respuesta a esta lectura, el Salmo 25 nos lleva a detenernos y contemplar lo que significa prosperar en Dios.

Salmo 25:1-10 no es una expresión sincera de gratitud por una ganancia inesperada, sino una expresión sincera de confianza en Dios. «Los primeros diez versículos del salmo, que componen la lección actual, constituyen, en el fondo, una reflexión teológica y una súplica sincera que surge de esa reflexión.»1 De hecho, en lugar de un coro conmovedor de «Días Felices Están Aquí De Nuevo», estos versículos son un introito para lamentarse y una expresión de la confianza que hace posible quejarse a Dios. El salmista le pide a Dios instrucción sobre cómo evitar la vergüenza y la desgracia y luego proporciona instrucción a los que esperan en el Señor.

Oración
Prosperar en Dios es adoptar una postura en la vida que está encarnada e incrustada en la oración. «A ti, Oh Señor, levanto mi alma», declara el salmista (25:1). Cualquiera que haya cantado regularmente el Salmo 141 como parte de las Vísperas o de la Oración Vespertina encontrará en estas sencillas palabras una descripción profunda de la oración. Elevar el alma a Dios es la abreviatura de levantar las manos extendidas en oración. El gesto significa sostener la propia identidad consciente, la propia vida, extendida a Dios en dependencia única y completa de Dios y de su ayuda. Orar, » A ti, oh Señor, levanto mi alma «(25:1) » es un sinónimo salmal para ‘En ti confío’ (versículo 2) and y ‘En ti espero’ (versículos 3-5, 21).»2 Prosperar en Dios es poseer y reconocer la absoluta dependencia de Dios.

Ayuda e Instrucción
La Primera Lectura se mueve rápidamente de una promesa de prosperidad económica (Deuteronomio 30:9) a un llamado sutil a obedecer a Dios, observar los mandamientos de Dios y volverse a Dios con todo el corazón y el alma (Deuteronomio 30:10). De la misma manera, el Salmo 25 vincula la ayuda de Dios y la instrucción u orientación de Dios. El salmista pide ambas cosas. El alma elevada al Señor y puesta directamente en Dios no distingue entre el poder salvador de Dios y el pacto eterno y la enseñanza de Dios. De hecho, el primero entra y pasa por el segundo. Prosperar en Dios es estar abierto y ansioso por la instrucción de Dios. Esto suena obvio y atractivo. Sin embargo, la parábola de Jesús (Lucas 10:25-37) nos recuerda que los caminos de Dios pueden ser difíciles, contra intuitivos, incluso absurdos. Los caminos de Dios pueden ir en contra de nuestro mejor pensamiento y nuestro entendimiento de la voluntad de Dios. La verdad de dios seguramente reto y contradecir lo que entendemos que significa prosperar. El salmo nos recuerda que la instrucción de Dios proviene de la oración en lugar del estudio, de Dios en lugar de la sabiduría humana y los maestros humanos. Aunque útiles, la razón y el sentido común son insuficientes. Prosperar en Dios es confiar en Dios lo suficiente para recibir la ayuda que viene con la enseñanza de Dios.

Recuerdo audaz y Selectivo
El salmista demuestra que prosperar en Dios incluye confiar en Dios lo suficiente como para exhortarlo audazmente a recordar selectivamente. El salmista llama al Maestro a quien busca instrucción y guía para que recuerde «tu misericordia» (25:6), olvidar «mis rebeliones», y «acordarse de mí según tu misericordia y por tu bondad» (25, 7). Se le pide a Dios que recuerde la bondad y el amor de Dios porque son de la eternidad y que olvide el pecado juvenil del salmista, que está en el pasado.

Dios es misericordioso y Recto
Podemos recibir la instrucción de Dios y pedirle a Dios que recuerde selectivamente por quién es Dios. «Tú, Señor, eres clemente y recto», declara el salmista (25:8). Alá es compasivo, misericordioso. Entonces el salmista elabora. Dios enseña (en lugar de castigar o rechazar) a los pecadores a la manera de Dios. Dios guía a los humildes en la justicia. Todos los caminos de Dios – que el salmista le ha pedido que le enseñe (25:4) – son amor firme y fidelidad (25:10). Enfrentados a la espera, rodeados de enemigos que son traicioneros y buscan avergonzarse, cargados por el propio pecado, podemos confiar en nuestro Dios bondadoso y recto, cuyos caminos son amor firme y fidelidad. Prosperar en Dios viene de confiar activamente en Dios y anhelar ansiosamente la respuesta de Dios.

Predicando el Salmo 25:1-10
Aun cuando nuestro gobierno y nuestra iglesia buscan un plan para la prosperidad fiscal, el Salmo 25 provee un plan para prosperar en Dios. El plan del salmista es orar a Dios, reconociendo activamente la total dependencia de Dios, recibiendo la ayuda que viene con la instrucción de Dios, y exhortando a Dios a recordar selectivamente. Esto conduce a una prosperidad similar a la de un samaritano que al ver a un vecino en problemas se compadeció. Este tipo de prosperidad solo es posible debido a quién es Dios, el Señor misericordioso y recto que, en las palabras de la lectura del Deuteronomio, «te hará abundantemente próspero» (30:9). Proclama cómo Cristo es como ese Buen Samaritano para nosotros y entonces cómo Cristo nos hará prósperos como él. Luego invite a la congregación a orar, a depender, a ser enseñada, y exhorte a Dios a recordar y olvidar.